viernes, 30 de junio de 2017

Breves cuentos, mitos y leyendas indígenas (29)

Imagen en el archivo de Pedro Pablo González

SOBRE LOS MONOS (etnia piaroa)
El mono y la mona tuvieron un monito. Wajari le dio forma al monito: pelo, ojos, carne, piel, etc. El mono creció. Se reunieron todas las especies de monos y Wajari se dispuso a enseñarlos. Les dio agua amarga y yopo. Pero no les dio ni dada, ni tuipa ni espinas de raya.
Wajari les dio a los monos varias clases de yopo, todas muy fuertes. Wajari les preparó a los monos varias clases de yoperas y cigarros también. Sobre las yoperas sopló el humo de los cigarros sagrados.  Wajari les dio a probar esos yopos, una especie tras otra, y los monos crecieron y comenzaron a chillar. Gritaron las mismas palabras que acostumbran hoy en día. Y en sus visiones vieron el futuro. Wajari les dijo que esos eran los peligros que los acechaban. “Ustedes están chillando ahora, y de hoy en adelante será así como chillarán. Y ustedes mismos transmitiránesta fiebre si los piaroa se enferman, chillan como los monos”.
Allá se alza un árbol, el K’elau Mak’ ili’a. También así se llama la enfermedad de los monos. Wajari creó el árbol para proteger a los monos. Los monos ebrios de yopo saltaron a este árbol, donde poco a poco volvieron en sí. Wajari les preguntó a los monos: —Les he dado yopo. ¿Cómo ven ahora el futuro?
Y dijeron: —Nuestro futuro no parece muy largo que digamos. Morimos, como
todo el que llega a viejo. Así será nuestro futuro. Un águila nos matará,  un hombre nos matará con cerbatana.

Tomado de: Cuentos y mitos de los piaroa. Lajos Boglár  Fundación Editorial El perro y la rana (Caracas, 2015).

EL CANTO DEL DANTO (etnia piaroa)
Wajari bebió dada y vio su propio futuro en la imagen del danto. Pero primero vio el recinto sagrado de todos los animales, como el báquiro, el mono y otros, en fin, de todos los animales que él creó. Luego vio también los lugares donde conseguía los accesorios para su ceremonia.
Y también vio dónde habría de encontrar la muerte. Y en la muerte se vio como un danto. Wajari vio que el espíritu del danto no queda mucho tiempo en la tierra. A él le pasará lo mismo que a los monos. Los blancos lo matarán y se comerán su carne.
Y vio que el grupo inakwedya de los piaroa también comerán de su carne. Y también vio a un hombre que lo mataba con arco y flecha. Vio que también el tigre lo mataba. Y vio también a un hombre que lo mataba con escopeta y a otro con lanza. Luego de estas visiones, Wajari creó el cielo, la luna y el sol.

Tomado de: Cuentos y mitos de los piaroa. Lajos Boglár  Fundación Editorial El perro y la rana (Caracas, 2015).

**************De pueblos hermanos

LOS DIOSES AZULES (etnia emberá)
Ankoré es nuestro Dios, la fuerza y energía suprema del Universo. Él no tiene forma porque es de todas las formas y se manifiesta por doquier. Es Padre y Madre de  Karagabí a quien hizo con su saliva y lo mandó a crear todo el Universo. Entonces Karagabí creó los nueve mundos: Los cuatro Mundos Azules de Arriba, los cuatro Mundos Oscuros de Abajo, y Egoró, la Tierra del Medio; y ordenó los astros celeste y todo lo que existe. Luego creó al hombre de una gota de agua y creó las leyes para que los hombres convivieran en paz y armonía entre ellos y con la naturaleza.
 Cuentan los primeros hombres  escucharon hablar a los Dioses y se enteraron que arriba de la tierra había otro mundo, donde todo era azul, un mudo llamado Nentre, la casa de los dioses. Quisieron ir y preguntaron a Karagabí qué hacer. Karagabí construyo una larga escalera de bejucos cristalinos y azulados de los cuales crecían innumerables flores azules. En esos primeros tiempos, esta escalera fue el puente entre Egoró, la tierra, único mundo en que  brillan todos los colores y Nentre, el cielo de los dioses, donde todo es azul.
Los hombres subieron a Nentre por esa escalera. Sus cuerpos, y sus adornos y pinturas corporales y faciales, se tornaron azules.
Asombrados  veían que allí arriba todo era azul: manadas de zainos azules tumbaban azules matas de maíz y pelaban mazorcas azules con sus dientes y sus afiladas pezuñas; luego corrían alegres con granos azules de maíz brillando en sus bocas.
 El azul es el color de lo bueno, lo saludable, lo puro. Es el color de los dioses y el color de Nentre, el mundo donde los dioses se reunían a conversar sus cosas y las cosas de los hombres y mirar la creación: Los dioses miraban atentos los días de la vida de los hombres, sus trabajos, y sus guerras, sus leyendas y sus vicisitudes. Miraban todo lo que los hombres afrontaron desde la Creación. Y cuando vieron que ya el hombre preparado para ser dueño de su propio destino, los Dioses Mayores y Principales acordaron retirarse para siempre a Nentre, su Mundo Azul.
Sólo se quedaron a vivir en nuestra tierra dioses menores, espíritus malignos, y espíritus protectores y monstruos y fabulosos animales del agua y del monte.
Por eso decimos que los dioses mayores son dioses olvidados. ¿Para qué llamar a quien es ciego y es sordo?

Texto tomado de: Raíces, Mitos, Relatos y Leyendas, compilación de Bety Triana y Néstor Mendoza de la Editorial Montaña Mágica, Santa Fe de Bogotá, 1997. 


ORIGEN DE LA NOCHE (etnia ufania)
En el comienzo todo era luz. Sólo alrededor de la maloca del abuelo oscurecía. El resto de la selva estaba siempre de día. Los cuatros Imarikakana llegaron allí y llamaron, pero el abuelo no despertaba. Entonces lo golpearon tres veces con la macana en las canillas y al fin despertó:
-“¿Qué quieren?” – preguntó.
-“Abuelo. Queremos la noche, vivimos siempre de día, nunca oscurece y no dormimos”.
-“Ustedes están bien así. ¿Para qué quieren dormir? Dormir es mi trabajo, a mí si me sirve porque tengo que soñar para ordenar todo el mundo. Ustedes no”.
-“No importa, abuelo. Queremos dormir. Traemos coca para pagar por la noche”.
-“La noche no sirve, en la noche la culebra pica, la gente muere, el enemigo ataca.
- Les digo que así de día es bueno. Pero si ustedes vienen a pedir… Yo doy. Allá ustedes. Miren, allí hay muchas bolas de la noche amarradas, hay grandes y chicas. 
- Lleven la chiquita y cuando lleguen a la maloca de ustedes, cogen leña, luego sueltan la noche y queman la leña. Cuando ya no queden sino los tizones, ahí amanece. Lleven ese poquito de noche y no lo suelten por el camino”.
-Salieron. Iban lejos y en la mitad del camino se sentaron a descansar.
-“Hermanos – dijo el menor – esto es chiquitito y este mundo grande, ¿cómo va a  esto para llenar todo con la noche? ¿Será que nos alcanza para oscurecer la casa y el patio no más? Yo voy a soltar un poquito para mirar.
-“No” – dijeron  los hermanos.
 Mientras pensaban, el menor vio a su lado un palo seco y adentro un gusano que comía en redondeles, dejando sólo la cáscara seca, y dijo:
-“Voy a soltar un poquito”.
 Y soltó un poquito. Como un soplo potente salió una pelotita negra que cayó al suelo y saltó al cielo y tapó al Sol y a su hijo Luna. Todo quedó oscuro y la gente que estaba pescando se perdió. Una vieja que barbasquiaba se convirtió en Madre Monte.
 Ella es bruja y enseña. Un hombre que estaba de cacería se quedó Kurupira y ahora es el dueño del monte. Él también es brujo y enseña. La oscuridad convirtió como en animales a esa gente. Ahí mismo dijeron los hermanos Imarikakana:
- “No, nosotros no somos hijos de gente, somos hijos del mundo; a nosotros no nos pasa nada. Volvámonos micos nocturnos y comamos que tengo hambre” – dijo el hermano menor.
Y comieron y luego hicieron todos los animales que anda de noche. Después durmieron.

Texto tomado de: Raíces, Mitos, Relatos y Leyendas, compilación de Bety Triana y Néstor Mendoza de la Editorial Montaña Mágica, Santa Fe de Bogotá, 1997. 


EL NACIMIENTO DE LA GENTE (etnias yukuna y natapí)
No había gente. Nadie. Y vimos llegar a los Yukuna y nacimos los Natapí. No sé de dónde llegaron. Del mundo de abajo será. Pero cuando nacieron, primeros fueron palmas de canangucho, por eso no peleamos con gente Yukuna. Con ellos cantamos y bailamos, con ellos la guerra es fiesta, canto y baile.
 No sé de dónde salieron: de la tierra será.
 Nacieron en Yuinata, en una sabana, Marití, arriba, por el quebradón de Pilumichari.
 También había otra gente: Kulanumí, gente danta que no se mata. Ellos nacieron con nosotros, nacieron del canangucho. Por eso el canangucho no se corta. Si cortas el canangucho entonces llueve, truena, uno pasa malo, el camino se hace camino de danta, camino de animal hermano.
Uno de esos hermanos era Ureyu, era el Capitán. Otro Kana`pe, el Gavilán, Rimakuté ayudaba y era Mandadero.
Luego nació otro, el cuarto. Pero nació con rabo y su madre quería matarlo. Luariya, estaba allí y dijo:
-“Este muchacho nació”. Nacer es buen pensamiento, buena cosa, llevémoslo al payé, él sabe arreglar. Él brujea”.
-Paye brujió tabaco. Acabó de brujear y prendió el tabaco, luego sopló al muchacho y ahí le desapareció el rabo.
El muchacho nació bajo del árbol que se llama Wiri, por eso la madre lo llamó Wihimi.
Cuando él fue grande, nació mucha gente; se llamaron los Himuri. Desde entonces el muchacho sin cola se llamó Ka`amari. Ya sabía volverse tigre, y tenía un hermano para hacer la guerra. Ya se podía hacer la fiesta y la borrachera. Entonces hicimos los bailes.

Texto tomado de: Raíces, Mitos, Relatos y Leyendas, compilación de Bety Triana y Néstor Mendoza de la Editorial Montaña Mágica, Santa Fe de Bogotá, 1997. 


LA CAIPORA DE LAS SELVAS BRASILEÑA (Gilberto Antolinez)
Los folcloristas de Brasil hablan de la Caipora, el dueño de la selva, se los indios tupi de su país. En el norte y nordeste de esa tierra, la Caipora es una indiecita chica y fuerte, cubierta de pelambre, de cabellera suelta, que protege la caza y siempre está ansiosa de tabaco y aguardiente. Su macho es Caipora, el ser terrible que anda de jinete sobre un puerco de monte. En las selvas de Para, Amazonas y Acre, se dice hoy que la Caipora se extasía en el comercio amoroso con los hombres con los que se amanceba, les exige fidelidad perpetua y les hace condueño de la caza. Pero estos amantes, si quieren casarse con alguna mujer, tienen que emigrar del bosque, pues si la Caipora les descubre el intento les da una “soba” con espinosos bejucos hasta darles la muerte. La Caipora monta sobre un vaquiro o puerco de monte y resucita a los animales que el cazador abate. Es un perfecto prototipo de la María de la Onza de muestro estados Yaracuy y Lara.
Muchas veces se la pinta como mujer de un solo pie, que marcha a saltos, tiene una cabeza enorme de chiquilla y produce a quien la encuentra una mala suerte duradera, solo evitable si se le rinde tributo de aguardiente y tabaco . Es dueña de la caza, excepto volátil. Se le puede donar también pan de yuca sin azúcar ni sal. Detesta la pimienta malagueta ferozmente a quien le lleve.
En la provincia Parahibana, la Caipora lleva por nombre “Flor del Bosque” pero ahora se distingue porque su cabellera es rubia. Es muy hermosa y ardiente y goza una eterna presencia de doncella de doce años.
En Alagoas, la Caipora es una indiecita de cabello largo, muy fumadora de cachimbo, amiga de consumir sopa de yuca tocada con un extraño sombrero. No deja cazar en los días viernes. Apalea los perros desde su mundo invisible, de modo que el cazador oye los gritos sin saber a qué causa se deban. Para llamarla hay que golpear un pico contra una pala: hierro contra hierro. Cada vez que hace una diablura de las suyas, suelta estridente risotada, acompañada de suavísimo silbido como el que suele lanzar el saci o saucel, duende de los bosques amazónicos.

Como se ve, el Catey femenino de Trujillo, tiene vasta parentela en la mitología indígena y con el folklore actual de otros países de Sudamérica y Antillas, por lo cual merece que el futuro se le dedique una encuesta científica suficientemente intensa. Entonces podrá determinar hasta dónde tiene aquí la misma conexión con María la de la Onza y que sus parientes muestran en otras naciones respecto a la dueña de la caza, esposa del señor del monte y rey de los venados y los puercos salvajes, seductora de cazadores, ladrona de mozuelos de niños y numen mortal de los sueños sensuales.

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